El vocabulario en la traducción

Para poder llevar a cabo una buena traducción, no solo basta tener una ortografía impecable o conocimientos sobre el tema que aborda el texto, además de su contexto: también es de suma importancia la cantidad de vocabulario con el que se cuenta (sé que estoy dejando de lado otras especificaciones, pero menciono por ahora los más importantes).

Sobre el vocabulario, no solo cuenta la terminología correspondiente, sino también aquél que has conocido y con el cual has convivido a lo largo de tu vida. Muchos hablan de que una determinada cantidad de palabras forman el vocabulario cotidiano de una persona (hay quienes hablan del uso diario de mil palabras [1]; los más fatalistas mencionan que los mexicanos empleamos, en promedio, 150 palabras [2] solamente), pero nosotros como traductores no tenemos únicamente la responsabilidad sino la obligación de ir más allá de estos límites, tanto en el idioma de origen como en la lengua meta o nativa. Si no, corremos el riesgo de quedarnos estancados en algo parecido a una neolengua orwelliana, dado que estaremos imposibilitados para transmitir el mensaje que el autor en la lengua original quiso expresar.

Me parece pertinente mencionar lo anterior porque en varias clases he escuchado extractos de traducciones de jóvenes estudiantes; cuyo vocabulario, al parecer, se ha restringido a las mismas palabras que empleamos en nuestra vida diaria. Tanto, que para cuando se menciona el participio del verbo ‘to say’, la traducen siempre por el participio del verbo ‘decir’, y siempre es la misma opción. Otra que recuerdo a menudo es la del verbo frasal ‘to ask for’, cuando tiene diversos equivalentes como el verbo ‘pedir’ o ‘provocar’, y los jóvenes estudiantes lo interpretan como ‘preguntar por’ –si bien no es incorrecto, es cierto que hay muchos verbos de dónde escoger.

Lo que puedo recomendar desde mi posición de estudiante es lo siguiente (y puedo afirmar que es lo que sugerirían varios profesionales): leer. Leer al menos cinco páginas de una novela al día, o unas cuantas de un texto del tema de tu preferencia.
Destacar las palabras desconocidas y armar un glosario con ellas también es muy enriquecedor a largo plazo. ¿Y por qué no ir más allá? Vale la integración de ese nuevo vocabulario a nuestra rutina aunque nos miren con susto (lo digo por experiencia propia, jaja).

¡Y cómo olvidar las expresiones idiomáticas! Con una experiencia previa en el idioma de origen y en la reflexión de su cultura, puedes ser capaz de identificar frases que solo tienen sentido dentro de ella. Como experiencia personal, comento que me encanta recolectar frases idiomáticas del inglés, investigarlas y tenerlas archivadas en un documento de Excel hasta que encuentre un mejor programa para almacenarlas.

Aquí se termina la entrada, la cual va dirigida especialmente a estudiantes noveles de la carrera. Cualquier aporte adicional es bienvenido (sé que pude haberme saltado cualquier otro detalle). Tengan por seguro que esta entrada pasó por una previa revisión, en la cual se sustituyeron varias palabras por otras opciones.

Muchas gracias por leer.

PD. Sí, aún vivo. Aún pienso en este pequeño blog y estoy escribiendo otra entrada para actualizar cuanto antes. No prometeré actualizaciones periódicas porque estaría mintiendo, jaja.

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